Sópleme la brisa de tu aliento y lléveme en sus alas…
Préndame la luz de tu Mirada y aduéñese de mí…
Tómeme la palma de tu mano y lléveme
como llevan las madres a sus hijos sin decir donde van…
Yo sé que Tú, Señor, eres mi madre,
el beso caliente de la brisa, la claridad caliente de la luz.
Háganse en mí tus planes misteriosos…
Hágase en mí la santidad irrepetible y mía
que pensaste al crearme…
Hágase en mí la vida ilimitada que me quieres donar…
Hágase en mí el espacio enamorado
donde habite tu paz indestructible…
Hágase en mí el gozo siempre nuevo del Espíritu Santo
en las entrañas…
Hágase en mí el Amor…
Piérdame así en tu vivo regazo para siempre
afirmando que soy hijo niño en tus Manos.
