Nunca tengo nada,
pero tu mirada
me siembra de Ti.
Nacen tus rosales
en mis arrabales
desde que Te ví.
Me dijiste: “Amigo,
siembra luz Conmigo
para ser feliz.
Y sembrando voy
lo poco que soy,
las letras del “sí”.
“Sí” de mansa hoguera.
“Sí”, de primavera
florida en abril.
“Sí” de nieve ilesa.
“Sí”, que nunca cesa.
“Sí”, de “estoy aquí”.
Y aquí estoy, tan loco
que poquito a poco
me pierdo de mí.
Pero tu cariño
ha encontrado al niño
que en sombras perdí.
Ahora soy la llama
que su luz derrama
para amarte a Ti.
