6/6/22

DIOS EN MI VIDA

 


No, Señor, no eres fruto de mi sueño

sino savia nutriente de mi trigo.

Rebosas en mis letras de testigo

como la llama en el reseco leño.

 

Yo te noto, Señor, por eso empeño

mi sangre en escribir que te bendigo.

Existe porque quieres ser mi amigo

y albergas en tus ojos mi diseño.

 

Entiendo la palabra de las cosas,

el vegetal poema de las rosas

y el agreste fervor de los espinos.

 

Te agradezco la luz hospitalaria

que hace mi verso cálida plegaria

sembrando corazón por tus caminos.