Tú me construyes, Arquitecto Amigo,
sobre el cimiento de tu Roca Viva.
Tú recoges mi piedra, tan esquiva,
y la desbastas sin ningún testigo.
Mezclas mi barro y mi dolor Contigo.
Aprovechas mi cal contemplativa.
Carpinteas madera a la deriva
y llenas mis graneros con tu trigo.
Porque mi casa es gozo rebosante,
sin hueco estéril, con el sol delante
y portada de amor que nunca cierra.
Cuídala, mi Señor, que tanto invierno,
sin tu desvelo de Arquitecto tierno
puede agrietar su corazón de tierra.
San Pedro de Cerdeña, 2 - Enero -1987
