Señor, que siempre sepa que voy
de camino
porque el cielo es mi casa
y no estoy todavía en él.
Tú, aquí en la tierra sólo estás presente
en la cámara oscura de mi fe.
Las criaturas son su leve reflejo
de tu mirada
y la cercanía de tus Sacramentos
confiriéndome el latido de tu ser: la gracia
no suponen la visión “cara a cara”
de tu Plenitud.
Me duele el velo que oculta tu Rostro.
Nada satisface mis ansias;
todo dista de mi corazón
sin tu Rostro.
La temporalidad de las cosas me
sugiere tu eternidad;
la limitación de los hombres
me alza a tu inmensidad.
No es mi casa la tierra, Señor;
mi casa es el cielo
y todavía no estoy en mi casa
Custodia mi caminar
para que no me extravíe
ni olvide que soy peregrino
hacia mi casa -el cielo- que
es tu casa.
