Cuando digo tu Nombre, recupero
el sentido profundo de las cosas.
Tienen color de Ti las bellas rosas
y luz de paz el cándido cordero.
En alas de tu Nombre me supero
volando sobre nieblas vanidosas.
Alcanzas tus miradas amorosas
y quedo en tu cariño prisionero.
Prisionero de Ti, tan libremente,
que sólo sé vivir en el caliente
hogar de tu presencia nutridora.
Cuando digo tu Nombre, mi garganta
libera ruiseñores y Te canta
confianza filial adoradora.
