Existe Dios. Lo grita mi existencia
como los ríos gritan manantiales.
Yo soy la sílaba del verso
que pronuncian sus labios invisibles.
Me dice por amor, me deletrea
con gozo creador.
Noto su beso de calor creante
en el galope de mi sangre niña…
Existe Dios y su verdad viviente
plenifica la vida de los seres.
Todos están, estando en sus entrañas
nutriéndose de Él.
Nutriéndose de Él, sin que Le gasten
ni añadir un codo a su estatura
colmada en plenitud sobreexistente.
Existe Dios. Descansa mi pobreza
cuando acierto a llamarle por su Nombre:
Papá, Dador de Vida, de mi vida…,
cuando profeso el fértil abandono
de anidar en el hueco de sus manos.
Existe Dios y yo profeso el gozo
de saberme existente en su Existencia.