Buscaste a Dios en arduas soledades
y el silencio te dio su voz callada.
Tu recio corazón se hizo alborada
sobre la noche de las veleidades.
En Dios hallaste todas las bondades.
En Dios la caridad saboreada.
En Dios la paz ardiente y consumada.
En Dios la plenitud de realidades.
Maestro Bruno, Padre silencioso
de monjes buscadores del reposo
donde Dios se disfruta Trino y Uno.
Jesucristo prendió su llama viva
en tus casas de luz contemplativa
para darte sólo a Él, Maestro Bruno.