Y de la vida humana que discurre
atestiguando el tiempo en nuestras calles,
hay pocas novedades que contarle:
los niños, como siempre, son reflejo
de los ojos de Dios que ahora contempla.
El corazón del joven busca lunas
de verdad desnudísima y mordiente,
pero a veces, tan frívola, que planta
árboles sin raíces de esperanza.
La madurez vacila entre dos ríos:
uno turbio rugiendo en sus entrañas
bullir de redes grávidas de algo;
el otro transparente y silencioso
como nuestra ciudad, de pesca humilde.
Y los ancianos alzan sus plegarias
y lavan su cansancio y sus errores
a los pies de la Virgen, como siempre:
ya sabe que su nombre de Fuencisla
reverdece poemas en la sangre.
De sus fieles amigos era
ágil pluma indicando las estrellas
o anciano paso por las calles hondas,
le diré que le viven todavía
y le coronan con laureles nuevos:
su memoria perdura en su palabra,
acaso en su plegaria y en su hondura:
son más buenos, mejor, somos más buenos
más segovianos cuando está presente,
y también más poetas y más niños.
(Carta en verso de fe
para que llegue a Don Luis, Segovia 1972)