Sigo bebiendo el agua transparente
del manantial aquel de entre la nieve.
Sigue mi soledad llamando al hombre
a descubrir su carga de infinito.
Revelo ruiseñores y palomas
en el quebrado anhelo de su hastío.
Cuando anochece, cuando muere el árbol,
cuando el gris de ciudad se intensifica,
cuando callan los niños y los pájaros,
cuando las sendas de la vida pierden
su color de certeza hacia el destino…,
pronuncio Su Palabra redentora
en horizontes místicos de lilas
para que abran sus ojos a lo eterno.
Desearía ayudarles a saltar
desde el miedo creciente de la tierra
a Su Ciudad de amor y de alegría.
Desearía nutrir con la esperanza
el crecer necesario de su tiempo:
hacerlos árbol hacia el aire pleno,
hacerlos río en busca de sus mares.
para que llegue a Don Luis, Segovia 1972)