Hablo Contigo, Dios. Levanto el vuelo
a tus ojos amante.
Sé que me miras, aunque me disperse
en mil urgencias de materia grávida.
Mas hoy Te hablo despojadamente,
sin mi peso de carne.
Quiero quedar impreso en tu mirada
como una gratitud efervescente.
Quiero decirte Amor y diluirme
en el gozo filial de tu cariño.
Quiero tratar Contigo menudencias
de sombras y de luces.
Esas luces y sombras que me tejen
alfombra fiel,
para besar las plantas
de los hombres cansados, despistados
buscando más cansancio todavía.
Hablo Contigo, Dios. Y me abandono
en activo descanso
que conquista la dicha intemporal
y dona eternidad a mis palabras.
Gracias, Amor, Amor que me devuelves
tu Palabra elocuente de silencio.