Nunca tu nombre describió tu vida
porque siempre viviste acompañada.
Deberías llamarte “Rebosada”
Deberías llamarte “Compartida”.
Donabas a los niños acogida.
Buscabas de los pobres la morada.
Esparcías tu paz enamorada
en sonrisa de alivio florecida.
Tu corazón besaba la pobreza
y sentías a Dios en fortaleza
de Sierva del Amor, como María.
Nunca estuviste sola, porque amaste
y en tus Hijas, amando quedaste,
Soledad de la Grata Compañía.