Este siglo de luz adolescente
se desmaya en grisácea geometría.
Sus ciudades espesas de agonía
mueren de frío y soledad mordiente.
Disfrazado de ciencia, vive ausente
del río de la sangre. Y todavía
ufanamente clama y desafía
desde el suelo fugaz de su pendiente.
Vierte tu sol, Cervantes, en las cosas
que persisten aun desalentadas.
Enséñanos a cultivar las rosas
en cálidos jardines de miradas.
Haznos hermanos de las mariposas
y ruiseñores de las alboradas.
(Seis sonetos agradecidos para Don Miguel de Cervantes)