Vivir moliendo el corazón de trigo
en molinos de viento y estatura.
Amasar con fecunda levadura
el sueño y la verdad de cuanto digo.
Dar sentencias de luz, llevar conmigo
el sentido común de la locura.
Salvar el horizonte que perdura
pregonando misterios de testigo.
Quiero ser, como tú, carne-palabra,
liberación de sangre prisionera,
alarido de barro que florece.
Reja que no se cansa cuando labra
los surcos de Castilla mensajera.
Corazón que se escribe y permanece.
(Seis sonetos agradecidos para Don Miguel de Cervantes)