Tu sendero de hombre no se cierra,
rotura surcos de fervor humano.
Sigue el amor naciendo de tu mano
para salvar la paz en noble guerra.
Como humilde semilla que se entierra
para vestir de primavera al llano,
siembras perpetuamente el rojo grano
de tu gran corazón de sol y tierra.
Eres, Cervantes, sangre de caminos,
aventura de luz sobre la tarde,
espacio sosegado de bonanza.
Tu palabra florece en los espinos.
Eres llama de hogar que siempre arde.
Renace de tu pluma de esperanza.
(Seis sonetos agradecidos para Don Miguel de Cervantes)