Esta urgencia de vuelo que no cesa
viene de ti, Cervantes, de tus gritos
de loco con anhelos infinitos
en sangre dolorida y carne presa.
La cordura del siglo nos procesa
por ser quijotes tuyos manuscritos
en liturgia de letras y de ritos,
añoranza de cumbre y nieve ilesa.
Somos poetas y la prosa triste
hiere cruel nuestro feliz semblante.
Se nos vierte la sangre por la herida.
Pero luchamos, corazón en ristre,
sobre el flaco perfil de Rocinante,
y volamos, amigo, hacia la vida.
(Seis sonetos agradecidos para Don Miguel de Cervantes)