Es la voz de este amigo que suscribe
quien te dice sinceramente “gracias”;
pero hay una invasión de voces claras
y de miradas llenas de recuerdos
que pregonan tu nombre agradecidas.
Hasta se animan luces y penumbras
en paredes, en mesas y en pasillos
del Instituto Mixto “Andrés laguna”,
para decirte gracias sonriendo.
Tantas veces donaste tu desvelo
para salvar su realidad humilde…
Tantas veces notaron la caricia
de tus manos cuidando sus heridas…,
que ahora viven, se animan, y conjugan
con su forma de objetos la palabra
que te ofrece su ser inanimado.
Hay mucho verso escrito en esta casa
por tus pies celadores en vigilia
recorriendo pasillos ahuyentando
rigores del invierno, combatiendo
zarpazos de huracanes en ventanas
y en puertas desvalidas y gimiendo.
No te vayas Emilio, esta casa
notará la erosión de tu vacío.
Notará que le falta tu mirada
tu inspección amistosa y permanente.
Y notaremos todos que nos faltas.
Tú doctor en servicio y eficacia,
archivo personal de documentos,
solución de problemas burocráticos,
sendero fiel para ahuyentar perdidos
en la selva de tanto papeleo.
No te vayas, Emilio, esta casa
notará que le falta hospedería
con calor de persona siempre amiga,
siempre dispuesto a dar sabia experiencia,
siempre amable, sencillamente amable.
Aunque merezcas descansar y tengas
escrita la tesis de tu vida…,
aunque esté publicado en las estrellas
tu libro de poemas silenciosos…,
aunque todos alcemos nuestra copa
en brindis de amistad agradecida…,
no te vayas, Emilio, quédate
sin el peso de cales y de vientos,
sin temblores de grifos olvidados,
sin urgencia de tinta y fotocopias.
Quédate en el espacio que te damos
tus amigos sinceros que no quieren
perderte porque pierden algo suyo:
tu verdad tan honrada y tan humilde,
tu fértil magisterio de trabajo
en la clase diaria de la vida.
Apruébanos en junio: quédate
con nosotros por siempre, aunque descanses
de tanta diligencia agotadora.
Así la gratitud que nos desborda
no tendrá las aristas de alejarnos
de tu presencia fiel al jubilarte.
Todos muy cerca permaneceremos
en júbilo de amigos que comparten
la plenitud de tu jubilación.
Gracias, Emilio, amigo, nos nutriste
con tu buen corazón hecho servicio
y hemos crecido tanto en el afecto
que ningún horizonte y ningún tiempo
podrá cesar a nuestros corazones
en el empleo de ser amigos tuyos.
(Emilio fue conserje en la época de D. Rafael Matesanz, en el Instituto Andrés Laguna (Segovia), antes en el Instituto Mariano Quintanilla. Era natural de Sangarcía, casado y con tres hijos)