Eres juvenilmente nuevo
y ya tienes señales de paternidad.
Son ellos, tus hijos,
quienes dejan sus huellas,
hoscamente acariciadas,
en el regazo
de tus mesas y de sillas
a su servicio siempre.
Eres juvenilmente nuevo
y ya tienes señales de paternidad.
Son ellos, tus hijos,
quienes dejan sus huellas,
hoscamente acariciadas,
en el regazo
de tus mesas y de sillas
a su servicio siempre.
Gracias alumnos, por haber sabido
leer en mi existencia sin rebozo.
Me conocéis, joviales, por “El Gozo”
y a este Gozo ponéis un apellido.
Un apellido pleno, concluido;
carente de tristeza y de sollozo;
libérrimo y azul: radiante trozo
del cielo despejado y poseído.
Pues lámpara me sé: la fe me habita.
Y camino feliz hacia la cita
con el Amor, desde el amor más denso.
Cuando hablo, reboso mi equipaje
de sonrisas abiertas, sin celaje,
¿Cómo no voy a ser “El Gozo Inmenso”?
Es la voz de este amigo que suscribe
quien te dice sinceramente “gracias”;
pero hay una invasión de voces claras
y de miradas llenas de recuerdos
que pregonan tu nombre agradecidas.
Hasta se animan luces y penumbras
en paredes, en mesas y en pasillos
del Instituto Mixto “Andrés laguna”,
para decirte gracias sonriendo.
Mudas paredes en quietud serena
que hospedáis los desvelos juveniles,
gracias os doy por custodiar abriles
con blanca mansedumbre de azucena.
En vuestro corazón de cal y arena
quedan impresos todos los perfiles.
Cuando arrecien sus miedos infantiles,
haceos hogar y mitigad su pena.
Yo sé que sois sencillamente hermosas
porque estáis en el alma de las rosas
que vuestros chicos llevan por el mundo.
Sabed que somos gratitud de yedras
que besan vegetales vuestras piedras
con recuerdos de amor alto y profundo.
(Al edificio material del “Andrés Laguna”
en sus 25 años de servicio)
Como rosal de tallos esparcidos
dilata el Instituto su presencia.
Se hacen rosas las Letras y la Ciencia
con aroma y colores compartidos.
Horas de luz, minutos de gemidos
abren las sendas de la inteligencia.
La vida crece desde la paciencia.
La paciencia se nutre con latidos.
Corazón de cristal adolescente,
fantasía de anhelo transparente
buscando territorio a la alegría.
Sois, queridos alumnos, la sonrisa,
drama y comedia, de la luz con prisa
por alcanzar la madurez del día.
(A los Alumnos y Exalumnos de “Andrés Laguna”, en sus Bodas de Plata)
Con el cincel de la palabra pura,
con el toque de amor en la mirada,
vais labrando la luz invertebrada
en dimensión de humana arquitectura.
Ponéis el corazón en la aventura
de hacer al hombre voz articulada.
Sois la senda que lleva a la morada
donde la paz armónica madura.
Arquitectos de estrellas y de flores,
os llamáis simplemente Profesores
y profesáis cuanto el amor alcanza.
Seguid labrando generosamente
la luz del corazón y de la mente
hasta que el hombre llegue a la esperanza.
(A todos los Profesores que sembraron su palabra y su vida en el Instituto de Bachillerato “Andrés Laguna”, durante los 25 años de su existencia)