Mudas paredes en quietud serena
que hospedáis los desvelos juveniles,
gracias os doy por custodiar abriles
con blanca mansedumbre de azucena.
En vuestro corazón de cal y arena
quedan impresos todos los perfiles.
Cuando arrecien sus miedos infantiles,
haceos hogar y mitigad su pena.
Yo sé que sois sencillamente hermosas
porque estáis en el alma de las rosas
que vuestros chicos llevan por el mundo.
Sabed que somos gratitud de yedras
que besan vegetales vuestras piedras
con recuerdos de amor alto y profundo.
(Al edificio material del “Andrés Laguna”
en sus 25 años de servicio)