Gracias alumnos, por haber sabido
leer en mi existencia sin rebozo.
Me conocéis, joviales, por “El Gozo”
y a este Gozo ponéis un apellido.
Un apellido pleno, concluido;
carente de tristeza y de sollozo;
libérrimo y azul: radiante trozo
del cielo despejado y poseído.
Pues lámpara me sé: la fe me habita.
Y camino feliz hacia la cita
con el Amor, desde el amor más denso.
Cuando hablo, reboso mi equipaje
de sonrisas abiertas, sin celaje,
¿Cómo no voy a ser “El Gozo Inmenso”?
