E
buscando dimensiones a la estrella.
Asciende nuestra sangre en la centella
del metal que nos hiere y nos consuma.
Vivimos el “tener”. Somos la suma
de arrogancias estériles sin huella.
Y, sin embargo, el niño se querella
contra el uso y abuso de la bruma.
No tocamos la esencia de las cosas
ni gustamos el verso de las rosas
siempre hablando, clamando transparencia.
Alúmbranos, Señora, desde dentro:
que acontezca en nosotros el Encuentro
con la luz y el amor de Su Presencia.
