21/12/21

LA VIRGEN

 



Fue puliendo tu ser de criatura

la gracia del Espíritu Divino.

Te pulió, beso a beso, hasta nombrarte

“Llena de Gracia”, verso de hermosura.

 

Tú vivías de Dios, como las rosas

del sol que las alumbra.

Eras así, sencillamente rosa

que piensa y se comparte cuando exhala

aromas de su ser.

 

Ninguna lluvia te manchó de barro.

Ninguna brisa te robó pureza.

Toda tu carne, luz, donde los ojos

de la Luz Infinita se miraban

como el espejo fiel.

 

Mas Tú, columna donde Dios quería

elaborar la miel de su cariño

abriste el corazón a su Palabra

llamándote “esclava” diligente.

 

Libaste tus entrañas. Convertiste

tus flores de virtudes,

en miel nutriente para el Dios de carne.

 

Cariño virgen y cariño- madre

era el color azul de tus pupilas.

Dios miraba tu mar y se inundaba

de caricias azules.

 

Dios navegaba en tu cariño fértil

para crecer de Ti, para sentirse

latiente corazón de carne humana.

 

Tú, para Él, vivías, Te donabas

con pureza de Virgen escondida,

con ternura de Madre cobijante.

Sencillamente consumaste el gozo

del asombro total.

 

Estabas dentro

del misterio de Dios. Eres misterio

fecundo y docilísimo

para que Dios hablara su Misterio.

 

Dichosa por donar tu sangre pura

a la sangre de Dios.

Y más dichosa

por escuchar abierta su palabra

y cumplir su latir con tu latir.

 

Sólo de amor viviste, estás viviendo

eterno corazón enamorado

de carne femenina.

 

Permíteme, ¡oh Virgen! que Te mire

para lavar mis ojos mancillados.

Permíteme, ¡oh Madre! que recline

mi pobre corazón en tu ternura.

 

Te amo porque eres criatura

suprema del Creador.

 

Te amo, porque eres la respuesta

del mismísimo cariño activado

en dolor y en Magnificat eterno.

 

No me dejes vivir, sino profeso

el amor que recibo de tu Hijo.

No me dejes morir, sino he llegado

a ser,Contigo, verso del Magnificat.

 

(Segovia 24 - Julio -1998)