Voy a hablar Contigo, Madre,
permitiendo a mi palabra ser confidente.
La confidencia es el único idioma oficial.
Es un don saberte el más hermoso poema de Dios.
Es un paraíso escuchar
tu gesto, tu silencio y tu palabra
de poetisa de Dios.
Eres permanente primavera;
mañana soleada de domingo con campanas al vuelo;
bosque de árboles siempre en ascenso;
patria de todos los nidos;
manantial humilde que da a luz el mar;
consumación del querer divino;
alegría acabada del único Poeta total: Dios.
Perdona mis confidencias:
nacen de mi pobreza, del lago turbio de mis fragilidades,
pero también de mi cariño cierto,
de saber que Dios Te ha regalado a mí
para que seas el cálido aliento de mi balbuceo porque eres mi Madre.
En mi casa Te recibo: en la casa de mi corazón.