28/6/22

A LAS HERMANITAS DE PLASENCIA Y A TODOS LOS RESIDENTES DE SU CASA

 




Cuando ustedes me llamaron

con su amable invitación,

se vistió de primavera

entero mi corazón.

 

Pasar la Semana Santa

en tan grata compañía

era regalo de Dios

para aumentar mi alegría.

 

Y de Segovia salí

una mañana risueña,

bordeando las murallas

de la ciudad de Teresa.

 

El puerto de Tornavacas

me regaló una invasión

de flores blancas y malvas

como besos de oración.

 

Por los senderos del valle

el Jerte me sonreía

y con sus notas de agua

“Dios te quiere” me decía.

 

Llegué por fin a la casa

término de mi camino

y de rodillas estaba

su corazón encendido.

 

De rodillas adorando

la Sagrada Eucaristía.

De rodillas y cantando

mientras su puerta me abría.

 

Todo fue hospitalidad,

todo cariño sincero

para acoger la llegada

de este humilde misionero.

 

A las 5 de la tarde

en el salón me esperaban

los ancianos con sus almas

abiertas y delicadas.

 

Yo les doné mi palabra,

mi sincera confidencia

y ustedes me devolvieron

su riquísima vivencia.

 

Vine a enseñar a querer

como Maestro de Amor

y ustedes me aleccionaron

con un cariño mejor.

 

Vine a encender una luz

en sus ojos ya cansados

y ustedes me devolvieron

su sol experimentado.

 

Les doy las gracias en verso

para decirles muy fuerte

que he recibido yo más

que lo que pude ofrecerles.

 

Gracias las Hermanitas

Ángeles de carne humana

cuyo desvelo de madres

sin descanso se derrama.

 

Gracias a los residentes

tesoros de juventud

que llevan alegremente

el madero de la Cruz.

 

Gracias a la Virgen Pura

Ntra. Sra. del Puerto

que entre canchales ofrece

su corazón siempre abierto.

 

Gracias a Jesús, su Hijo,

Dios y Hombre verdadero,

Camino Verdad y Vida

nuestra alegría y consuelo.

 

Aunque hemos de separarnos,

siempre estaremos unidos

siempre rezaremos juntos

con fidelidad de amigos.

 

Y me despido de ustedes

con estos versos sencillos

porque no quiero llorar

con otros más doloridos.

 

Como ustedes me enseñaron,

“Queden con Dios” yo les digo,

y que Dios también se venga,

dándole gracias, conmigo.