28/6/22

GRACIAS SEÑOR POR ESTA SEMANA SANTA EN PLASENCIA

 



 

A Plasencia llegué cuando abril sonreía

con millones de flores en el valle del Jerte.

Mi corazón de niño dulcemente se abría

como la primavera para mejor quererte.

 

Las buenas Hermanitas y los ancianos buenos

acogieron gozosos mi sencilla presencia.

Mis ojos se encendían con sus rostros serenos

y mi voz se vertía en sinceras vivencias.

 

Gracias, Señor, entiendo tu camino de pobre

entiendo que prefieras a las almas pequeñas.

Vale más la moneda de sudor y de cobre

que el oro endurecido con entrañas de peña.

 

En este hogar quisiera pasar toda mi vida

amando, sólo amando, levantando esperanzas

siendo violeta o llama que pervive encendida

y que reza volando y tu cariño alcanza.

 

Jamás podré pagarte estos días de cielo.

Yo no los merecía y Tu me los donaste

para que nunca muera la amistad que sembraste.