12/6/22

CREACIÓN Y RE-CREACIÓN

 


 

Abriste tu Querer, tu Hogar eterno

en explosión de luz con dimensiones.

El tiempo se inició por los espacios

de los seres creados y crecientes.

 

Se hizo la luz, tu verso transparente

definidor de formas y colores.

Se hizo el latido, surtidor de vidas

participadas de tu Vida Plena.

 

Amanecieron sendas anhelantes

de llegar hasta el pájaro o el niño.

Concordaba el asombro con la dicha

de estar en la existencia gratuita.

 

Y se fue condensando la materia,

en biológicos modos fraternales,

hasta llegar a ser morada apta

para hospedar la luz de tu Mirada.

 

Con esa luz, Contigo en las entrañas

se hizo consciente el hombre de tu Mano

colocando de pie su barro vivo.

 

Sin mácula en origen

tus Ojos y sus ojos se cruzaron,

y en diálogo de amigos, se encendieron

hogares de cariño en las miradas.

 

Tú te fiaste tanto que pusiste

Tu mismo ser en su vasija frágil.

Y existió el paraíso como verso

o música del ser agradecido.

 

Tú Creador, el hombre criatura.

Tú Dador generoso, el hombre dado,

recibido en si mismo para hacerse

respuesta personal y jubilosa.

 

Todo era luz reciente, todo estaba

poblado de color en armonía.

Pero llegó la sombra y la sonrisa

se apagó de repente en su semblante.

 

La sombra susurrante de otros mundos

desprendidos de Ti, sin tu Presencia.

¡Locura metafísica del hombre!

¡Quebrantamiento de su ser creado!

¡Mortal herida de autosuficiencia!

 

Y llegaron las lágrimas amargas

y el hueco en las entrañas abrumadas.

Y el hombre se escondió; pero las fieras

estaban en él mismo, en las guaridas

oscuras de su alma. Y no podía

su fuga temblorosa liberarle.

Estaba sólo el hombre en los temblores

del corazón sin rumbo ni sentido.

 

Pero Tú le buscaste, le llamaste,

penetraste en su llanto y sugeriste

la nueva creación en sus oídos.

Una mujer de arcilla transparente

limpiaría de sombras su mirada

dando a luz en sus ojos la Esperanza:

el Redentor del mundo: Jesucristo.

 

Amaste tanto al hombre dolorido

que Te diste en tu Hijo, Te humillaste

viniendo de puntillas en la carne

fielmente nutridota de la Virgen.

 

Otra vez las estrellas sonreían.

Otra vez las palomas dibujaban

blancas estolas en el aire leve.

Otra vez los hogares de la sangre

deshelaron los miedos de la noche.

Otra vez en el alma encendía

tu mirada de Padre que no cesa.

 

Gracias, Señor, estamos en tu casa.

Regaladas criaturas nos gozamos

en tu Ser que nos nutre y nos cobija.

De Ti, Contigo, en Ti nos viviremos

dándote siempre el beso agradecido

de saber que nos quieres sin cansancio.

Te llamaremos Creador, seremos

libres en tu cariño eternamente.