Miro los seres y los veo por dentro
más allá de lo que descubre
la luz física
que alumbra mis ojos.
Examino cautelosamente
los vuelos de mi fantasía:
pero no es ilusión
la palabra profunda,
que veo y escucho
encarnada en un árbol, en
una flor, en una estrella…
Tú me regalas
destellos de tu luz
para descubrir tu Huella
en estos seres silenciosos y elocuentes.
Paraíso inmerecido:
notarte cálidamente cerca:
Sencillamente dándome
toda la creación como
hogar que me hospeda feliz.
Te lo agradezco, Señor.
Y me siento llamado
con urgencia
a culminar la armonía de los seres
amándolos:
Poniendo en cada mirada
mi yo fraterno y, también,
hospitalario.
Mi corazón queda abierto
para que entren
todos los ángeles y los hombres; todos
los seres vivientes; todas
las cosas perdidas en el anonimato
o en el menosprecio…
Recojo y alumbro
con la otra Luz que Tú
me regalas
el verso incontaminado
de su Realidad existente.
Encarno en mí su verdad
para devolvértela
en ceremonia sencilla
de gratitud alabante.
Porque soy hombre,
culmino mi humanidad
dando a los seres la
la dimensión de Luz
con que Tú me alumbras
con experiencia más honda que la de laboratorio.
Gracias, Señor, Fuente
incesante de Otra Luz
superadora y conformadora
de la luz física de mis ojos.
(Montaña - Navafría - 31 - Octubre -1987)
