Un Platerillo fiel llega a Molino
cargado con dos ánforas de anhelo.
En sus ojazos grandes brilla el cielo,
en sus anchas pezuñas el camino.
Se alimenta de Dios, en Pan y Vino
y se acoge a la Madre del Consuelo.
Por eso, aunque “burrito”, alza su vuelo
al júbilo filial de su destino.
Y esparce tanto amor en su palabra,
que, a golpe de cariño, pule y labra
corazones con ansias generosas.
Por eso canta su labor sencilla
y sólo vive para ser semilla
de muchos hijos y de muchas rosas.
