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25/6/23

EL SECRETO DE SAN JOSEMARÍA

 



 




Hablabas del Amor. En Él vivías.

Jesucristo reinaba por tus venas.

Rompía tu palabra las cadenas

de cárceles sin Dios mudas y frías.

 

Decorabas las ánforas vacías

y plantabas semillas de azucenas.

Fecundabas los llantos y las penas

con brisas de sencillas alegrías.

 

El amor al Amor te hizo camino

de barro humano y de calor divino

que florece cariño caminando.

 

Este fue tu secreto divulgado;

esta tu luz de loco enamorado:

¡Sólo Dios! ¡Siempre Dios! ¿Dios abrasando!

 

24/6/23

TUS PALABRAS

 





Vertían tus palabras los caudales

de la fuente del amor que te nutría.

Como lirio con alas te nacía

el cielo entre los labios vegetales.

 

Anunciabas amor: versos pascuales

en que Dios deposita la Alegría.

Eras regocijo claro en rebeldía:

ruiseñor pronunciando los rosales.

 

Tus palabras quedaron manuscritas

en calles, en talleres, en ermitas..

donde el hombre transita los minutos.

 

Tus palabras profundas y sencillas

siguen sembrando fértiles semillas

que Dios fecunda con maduros frutos.

25/6/22

CUANDO LLEGÓ A MOLINO VIEJO

 



 

Un Platerillo fiel llega a Molino

cargado con dos ánforas de anhelo.

En sus ojazos grandes brilla el cielo,

en sus anchas pezuñas el camino.

 

Se alimenta de Dios, en Pan y Vino

y se acoge a la Madre del Consuelo.

Por eso, aunque “burrito”, alza su vuelo

al júbilo filial de su destino.

 

Y esparce tanto amor en su palabra,

que, a golpe de cariño, pule y labra

corazones con ansias generosas.

 

Por eso canta su labor sencilla

y sólo vive para ser semilla

de muchos hijos y de muchas rosas.

25/6/21

SUMERGIDO EN DIOS

 


Dios alumbrando tu vivir por dentro.

Dios en el gozo de tu certidumbre.

Dios atizando tu palabra-lumbre.

Dios madurando tu filial encuentro.

 

En tu “Obra de Dios”, Dios en el centro.

En tu altura de Dios, Dios en la cumbre.

En tu sangre de cruz, la reciedumbre

de Dios crucificándote por dentro.

 

Dios poseyó tus días y tus horas,

tus noches, tus tinieblas, tus auroras,

tu corazón donado enteramente.

 

Y tanto te fundiste en su mirada,

que te hiciste en la Iglesia llamarada

para alumbrar a Dios sencillamente.