Presentes para dar adoradores,
en gratitud de asombro silencioso.
La presencia de Dios en el reposo
siembra en vosotros cálidos amores.
Discípulos felices de las flores
entregáis vuestro aroma generoso.
No puede la penumbra del acoso
matar la luz de vuestros resplandores.
Sois las estrellas de la noche oscura
el latido callado de la hondura
la confidencia de la llama tierna.
Sostened de rodillas la esperanza
a ver si el hombre desvalido alcanza
el Pan de vida temporal y eterna.
