Temo que al escribir rompa mi pluma.
Tu amor sencillo pronunciado en nieve.
El aire que me dicta no se atreve
a despertar el sueño de la espuma.
En Ti, Señor, la sencillez consuma
su forma blanca, silenciosa y leve.
Eres la plenitud y Te conmueve
el orgullo blasfemo de la bruma.
Ábreme a la humildad. Haz que me sobre
riqueza de cariño hasta ser pobre
como Tú, Dios Amor, hecho comida.
Quiero vivir, dentro de mí, la lumbre
de Tu Presencia toda mansedumbre,
toda bondad humilde y escondida.
