Abres la mano con la reja dura.
Ahuecas las entrañas de la arcilla.
Plantas en ella cálida semilla
y el beso de la lluvia la madura.
Va naciendo la espiga en aventura
peinando al viento y a la luz que brilla.
Tus manos se hacen oración sencilla
para segar, cantando, su bravura.
Sabes que el trigo limpio de tu era
encenderá la nueva primavera
en el Altar de amor sacrificado.
Y tú mismo comulgas la alegría
de recibir a Dios Eucaristía
por tus manos labriegas cultivado.
