Llevo la Cruz Contigo, Señor mío.
Como Simón el de Cirene siento
que se reduce el grávido testamento
si te miro a los ojos y confío.
Vengo de lejos: desde el extravío
del corazón sin rumbo ni cimiento.
Pero Contigo cede el desaliento
y se alumbra el camino más sombrío.
Señor Jesús, crucificadamente
Te nos das en el Pan- Eucaristía
vuelto alimento cálido y fecundo.
Tómame como grano penitente
que en tu mano se inmola y se confía
para salvar con mucho amor al mundo.
