Buenos días, Señor, de madrugada
advierto Tú Presencia siempre alerta.
También mi corazón abre la puerta
a la luz que me ofrece tu mirada.
Ya estás en mí. Mi alma está habitada
ya soy hogar de lumbre viva y cierta.
Hablaremos a cara descubierta.
Entenderé tu voz enamorada.
Buenos días, Señor, Gracias, te amo
y sé que me contestas cuando llamo
pidiendo asilo desde mi pobreza.
Compartiremos el afán del día
y quedará salvada mi alegría
con el vigor que da tu fortaleza.
