Aunque Te manche, sí, y aunque te hiera
el vigor de mis gracias amistosas,
no rechaces, Señor, las jubilosas
caricias de mi sangre campanera.
Quiero ser, para Ti cuando me muera,
fidelidad de amor bajo las losas.
Nutriré las raíces de las rosas
para ser tu perpetua primavera.
Perrito soy. Perrito me confieso:
sólo cariño, corazón ileso
que ladra su locura enamorada.
Me basta con saberte Dueño mío
y darte mi pobreza y el rocío
de mi lengua lamiendo tu mirada.
Segovia - 1 -Marzo -1998