30/9/22

ANUNCIACIÓN A JOSÉ

 

Tras el cristal del sueño desvelado

el Ángel del Señor se hizo poema:

 

“No te turbes, José, porque María,

tu Esposa virginal, está empapada

del Espíritu Santo. Sus entrañas

alimentan al Dios de carne humana.

 

Tú serás el Custodio de sus vidas

como padre legal y fiel esposo.

Tú darás la llegada de puntillas

al Amor Infinito, que se esconde

en el cálido nido de la Virgen.

 

Recíbela en tu casa, que Ella tiene

necesidad de tu presencia casta.

Da latido al taller donde trabajas

la madera del gozo carpintero.

Plantarán azucenas en tus ojos

los ojos de tu Esposa sonriente.

 

Y, cuando nazca el Niño, tu regazo

acogerá su sueño confiado.

Sus manitas pondrán en tu madera

caricias inocentes, intuyendo

la Cruz donde su carne redentora,

hecha vuelo de amor,

abrazará los cielos y la tierra.

 

No te turbes, José, que Dios se fía

de tu sencillo corazón abierto,

de tu desvelo fiel y silencioso,

de tu cariño de plegaria oculta.

 

No te turbes, José, que si te turbas

se preocupa María y llora el Niño,

todavía capullo en sus entrañas.

Levántate con vuelo diligente

para traerla hasta tu casa humilde.

Enciende tu sonrisa en su sonrisa

y quédate feliz en su Magnificat…”

 

Y San José, con alas en el alma,

se remontó a la cumbre del asombro.

Buscó la rosa donde Dios latía

y se hizo tierra para sus raíces;

se hizo arquitecto del belén primero

donde la noche se hizo nochebuena;

se hizo emigrante abriendo los caminos

hacia el lugar seguro para el Niño;

se hizo doctor de la carpintería

para ganar el pan de confidencia.

 

Y en los ojos del santo Supersanto

florecieron vergeles de azucenas

para la Virgen virginizadora.

 

Y el Niño Dios crecía y aprendía

contemplando los ojos de José.

Y el Niño Dios, con júbilo de hijo,

nombró a José patrono del silencio,

Custodio de la paz contemplativa,

Patriarca de la Iglesia y de las almas

que abren a Dios su corazón creyente…

 

Querido San José, sigue fundando

talleres de cariño, donde habite

el Espíritu Santo y nos fecunde

con tu fidelidad recia y sencilla.

 

Cultiva en el milenio que se acerca

hogares que florezcan vocaciones.

Transfúndenos tu pulso carpintero

para labrar el corazón y darle

cristiforme cariño redimente.

 

Resérvanos lugar en la esperanza

del cielo junto a ti, tras buena muerte.

Que el Padre nos recoja para siempre

en su Hogar Trinitario.

 

Y gracias, San José, silencio activo

que cuidó la Palabra de la Vida.

Nuestros ojos ya son contemplativos

para esculpir el Nombre de Jesús

en la madera de nuestra pobreza.