9/9/22

LIMPIA CUNA DE DIOS

 


 

Cuando el Amor decida volcar su confidencia

sembrar en nuestra carne la Palabra infinita,

sólo encuentra un camino que salve la distancia

un camino de carne femenina y sencilla.

 

Eres Tú, limpia cuna del Amor Encarnado, 

Virgen Inmaculada, vasija predilecta

en donde el propio artista sumerge su latido

de niño que se nace bebiendo de tu sangre.

 

Toda Tú fuiste cuna aquella fría noche

con jirones de estrellas decorando el establo.

Tus levísimos brazos sostenían su peso,

tus manos enjugaban su novísima carne.

 

Tus ojos le encendían sonrisas de ternura,

de tu pecho de madre brotaban azucenas.

Sólo Tú, cuna- madre, convertiste el establo

en el mejor hogar de la historia del hombre.

 

Tu fuiste necesaria para ayudar a Dios

en el lance difícil de saltar a la carne,

porque Dios es sencillo y llega de puntillas

sin protocolos serios que espanten sentimientos.



(Cinco poemas a María  Virgen Madre I)