Criar a Dios como la madre cría
al hijo de su carne y de su celo.
Estar en vela con feliz desvelo
para que nada turbe su alegría.
Criar a Dios, besar como María
con las manos, los ojos y el anhelo.
Hacer del corazón mullido cielo,
cálido alivio de la noche fría.
Criar a Dios, abrir con la sonrisa
hogares en la tierra y en la prisa
del hombre indiferente que se ignora.
Criar a Dios, criar todas las flores.
Criar el pan y sus repartidores,
vivir criando versos de la aurora.
(Tríptico del sacerdote feliz II)