10/12/22

BUSCADOR DE VIDA ETERNA

 





Te ascendía el amor, te devanabas,

árbol de fe, buscando “vida eterna”.

 

A zaga de su huella descubrías

la palabra del bosque y la espesura.

 

Eran la sombra de su Luz los seres

y te alzabas en andas de anhelo

tras su viva presencia y su figura.

 

Era el amor, en ti, la “vida eterna”.

Era tus alas, tus clamores líricos

de ruiseñor crecido en el silencio.

 

Alto volaste, Juan, alto moriste

sumergido en la Vida que no cesa.

Todo era en ti vivir para morirte

y empezar a vivir cristificado.

 

Abriste el corazón a la Hermosura

y quedaste prendido en su Palabra.

 

Mitigaste tus ansias proclamando

la “fonte” que sabías e intuías

perpetuamente dándose en origen.

 

Juan de la Cruz, amigo, que fundiste

en tu palabra de poeta puro

la viva eternidad y el tiempo vivo…

 

Juan de la Cruz, amigo, que escribiste

con ascética sangre los caminos

que ascienden al Amor, amando siempre…

 

Juan de la Cruz, amigo, que dejaste

primicias de su cielo entre tus versos…

 

Juan de la Cruz, amigo, que volaste

tan alto y tan azul, que te perdiste

en la Palabra azul del Infinito…

 

Juan de la Cruz, enciende nuestras vidas

en esa “vida eterna” que alcanzaste

por ser amor en esta tierra nuestra.

 

Libéranos del tiempo que nos cerca.

Arráncanos del peso que gravita

en nuestros ojos de mirada corta.

Ábrenos a su luz fascinadora

y hágase en nuestra sangre su Palabra

cálida, leve, transparente, viva.

 

Juan de la Cruz, alúmbranos por dentro

para encontrar el Rostro del Amado

donándonos la vida en su mirada.

 

Que vivamos el tiempo como un vuelo

de recio amor y recia sembradura.

Que surjamos del surco de la tierra

trigos de amor feliz transfigurado.

 

(A San Juan de la Cruz, siempre agradecido)