Juan de la Cruz, amigo: Ahora que vives
en la casa limpísima del cielo;
que no se mancha con nuestros elogios
tu sincera humildad y tu modestia…,
queremos ser palabra agradecida
a tu palabra de silencio activo.
Gracias, Juan de la Cruz, tu Noche Oscura
ilumina las sombras de la vida:
recoges el dolor peregrinante
y lo levantas en la Cruz que alcanza
la eterna claridad. Gracias, amigo.
Todo es fulgor en tu dolor de amores.
Gracias, Juan de la Cruz: Tu llama viva,
vasija de cristal, prende las ansias
de Hermosura Infinita. Nos calienta
las entrañas marchitas por el frío.
Quedamos en tu fuego transfundidos
como la nube ténue vuelta hoguera
en horizontes del atardecer.
Gracias, Juan de la Cruz, entre las frondas
del mundo encarcelado en la soberbia,
se escucha vivo el Cántico purísimo
de tu voz incesante de Poeta.
Tu soledad sonora nos impregna.
Tu música callada nos ahonda.
Gracias, Juan de la Cruz, carne de sílabas
tejidas con el toque delicado.
Gracias, Juan de la Cruz, fundido siempre
en oficios de amor y de esperanza.
Gracias, Juan de la Cruz, alas de nieve
dando alcance a la luz de la alta cumbre
donde mora el Amado de tu alma.
Gracias, Juan de la Cruz, senda sencilla
que nos lleva “fonte” de agua viva,
aunque sea de noche sin estrellas.
Gracias, Juan de la Cruz, porque Segovia,
desde que tu miraste sus paisajes
quedó vestida de palabras místicas
que compartimos cuando respiramos
a la luz de tu sombra en el sepulcro.
Gracias, Juan de la Cruz, hijo entrañable
de la Virgen humilde reclinada
en las peñas grajeras, en tus peñas
de recio amor y de ternura fértil.
Gracias, Juan de la Cruz, que testificas
que sólo Dios consuma la existencia.
“A zaga de su huella”, levantaste
la estatura del hombre. Y te fundiste
en el hogar de su mansión eterna.
Gracias, Juan de la Cruz, crucificado
en libérrima entrega de cariño
derramando tu sangre de poeta
sobre las flores mustias y olvidadas.
Gracias, Juan de la Cruz, Iglesia viva
en certidumbre de verdades cálidas
y en caminos ascéticos de gozo.
Gracias, Juan de la Cruz. Tu vida breve
impregnó los caminos de la historia
con espacios de almas adorantes.
Quedaste con nosotros como queda
el sol que late en el paisaje verde.
Gracias, Juan de la Cruz. Danos tu mano
para ascender contigo en la subida
a los montes carmelos que se alzan
en cada corazón fiel a la búsqueda.
Asístenos, cuando el cansancio llague
nuestras plantas de carne plañidera.
Enciéndenos el gozo de lo eterno
cuando se apaguen los motivos firmes.
Constrúyenos alcázares de vuelo
para hospedar palomas azulísimas.
Levántanos, liturgia de la piedra,
en catedral hermosa de plegarias.
Conviértenos en fieles acueductos
entre Dios y los hombres alejados.
Juan de la Cruz, amigo. Muchas gracias
por haberte quedado en el regazo
de la mística tierra de Segovia.
Muchas gracias. Contigo ascenderemos
al regocijo de sentirnos hombres,
hijos de Dios y de la Iglesia viva.