“Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio.
Ya no guardo ganado
ni ya tengo otro oficio
que ya sólo en amar es mi ejercicio”
(Estrofa 28. Canciones entre el alma y el Esposo. Códice de Jaén)
No sabes otra cosa; sólo amar.
¿Para qué saber más, si amando alcanzas
el corazón azul de las estrellas…?
¿Si extraes la palabra de los bosques
que refieren noticias del Amado…?
¿Si el espacio se llena de palomas
con sólo amar su transparencia honda…?
No sabes otra cosa; sólo amar.
En el recinto del amor habitas
como en tu propia casa.
Abres las puertas de tus ojos limpios
y convocas al hombre a la sonrisa.
Convocas sus anhelos escondidos
para que sea más hombre
dejándose robar por el Amado.
No sabes otra cosa; sólo amar.
Tu corazón recoge en este oficio
a los desamparados del camino.
Das de comer a todos los mendigos
que padecen el llanto de lo injusto.
Te hospedas en la luz para alumbrarnos
con el faro vivísimo del gozo.
Señalas el camino hacia la “Fonte”
donde la sed jamás nos atribula.
No sabes otra cosa; sólo amar.
Amando te resuelves, te discurres
como río que canta sosegado
sembrando primavera en sus orillas.
No sabes otra cosa; sólo amar.
Juan de la Cruz, amigo, en este mundo
tan lleno de arrogancias eruditas…
Tan lleno de secretos desvelados
a la materia, a veces, maltratada…
Me temo que tu oficio languidece
por carencia de pólvora agresiva;
me temo que no hay sitio para el niño
ni para el vuelo de las golondrinas;
me temo que la ciencia te amenaza
con degradar tu doctorado blanco.
Porque tú eres Doctor; pero de nieves,
de violetas humildes y de arroyos…
Eres Doctor de estrofas acabadas
en el mar de amor. Y nada más.
No sabes otra cosa; sólo amar.
Debes venir de nuevo y explicarnos
que sólo con amar, se recupera
el espacio benéfico del átomo;
que sólo con amar se siembra trigo
para dar de comer a los hambrientos;
que sólo con amar vuelven rosales
a los parques marchitos de la tierra;
que sólo con amar canta el silencio
y el hombre redescubre paraísos.
No sabes otra cosa; sólo amar.
Pero tu amor alumbra con tal brillo,
que despeja el misterio de la vida
y da sentido al hombre.
Sentido que culmina su existencia
hasta alcanzar la caza del Amado.
No sabes otra cosa; sólo amar.
Ayúdanos, Maestro, a realizarnos
amando siempre, sin saber más cosas.
(A todos los amigos de San Juan de la Cruz, con amor y nada más. 14 - Diciembre - 1989)
