15/12/22

OFICIO DE SAN JUAN DE LA CRUZ

 



 


“Mi alma se ha empleado

y todo mi caudal en su servicio.

Ya no guardo ganado

ni ya tengo otro oficio

que ya sólo en amar es mi ejercicio”

 

(Estrofa 28. Canciones entre el alma y el Esposo. Códice de Jaén)

 

No sabes otra cosa; sólo amar.

¿Para qué saber más, si amando alcanzas

el corazón azul de las estrellas…?

¿Si extraes la palabra de los bosques

que refieren noticias del Amado…?

¿Si el espacio se llena de palomas

con sólo amar su transparencia honda…?

 

No sabes otra cosa; sólo amar.

En el recinto del amor habitas

como en tu propia casa.

 

Abres las puertas de tus ojos limpios

y convocas al hombre a la sonrisa.

Convocas sus anhelos escondidos

para que sea más hombre

dejándose robar por el Amado.

 

No sabes otra cosa; sólo amar.

Tu corazón recoge en este oficio

a los desamparados del camino.

Das de comer a todos los mendigos

que padecen el llanto de lo injusto.

 

Te hospedas en la luz para alumbrarnos

con el faro vivísimo del gozo.

 

Señalas el camino hacia la “Fonte”

donde la sed jamás nos atribula.

 

No sabes otra cosa; sólo amar.

Amando te resuelves, te discurres

como río que canta sosegado

sembrando primavera en sus orillas.

No sabes otra cosa; sólo amar.

 

Juan de la Cruz, amigo, en este mundo

tan lleno de arrogancias eruditas…

Tan lleno de secretos desvelados

a la materia, a veces, maltratada…

Me temo que tu oficio languidece

por carencia de pólvora agresiva;

me temo que no hay sitio para el niño

ni para el vuelo de las golondrinas;

me temo que la ciencia te amenaza

con degradar tu doctorado blanco.

 

Porque tú eres Doctor; pero de nieves,

de violetas humildes y de arroyos…

Eres Doctor de estrofas acabadas

en el mar de amor. Y nada más.

No sabes otra cosa; sólo amar.

Debes venir de nuevo y explicarnos

que sólo con amar, se recupera

el espacio benéfico del átomo;

que sólo con amar se siembra trigo

para dar de comer a los hambrientos;

que sólo con amar vuelven rosales

a los parques marchitos de la tierra;

que sólo con amar canta el silencio

y el hombre redescubre paraísos.

 

No sabes otra cosa; sólo amar.

Pero tu amor alumbra con tal brillo,

que despeja el misterio de la vida

y da sentido al hombre.

Sentido que culmina su existencia

hasta alcanzar la caza del Amado.

No sabes otra cosa; sólo amar.

Ayúdanos, Maestro, a realizarnos

amando siempre, sin saber más cosas.

 

(A todos los amigos de San Juan de la Cruz, con amor y nada más. 14 - Diciembre - 1989)