Juan de la Cruz, Poeta, que ya vives
la eterna Poesía del Amado,
que nos miras
desde la luz carente de penumbras…,
a ti la sencillez de mis palabras
pidiendo plenitudes.
Tómanos, llévanos, alumbra el pulso
de nuestra sangre dilatada en alas.
Somos poetas, es decir, sufrientes
con todas las palomas perseguidas.
Somos la luz llagada de preguntas
cuando mueren los niños.
Somos la mano que sostiene el aire
delgado del silencio.
Somos la cuna donde duerme el gozo
de la exacta palabra bienhechora.
Somos el salmo de caminos hondos
que llevan al misterio.
Insatisfechos peregrinos somos
a la entraña del hombre.
Requerimos tus huellas sabedoras
de noches superadas, convertidas
en aurora perenne.
Tómanos, llévanos hasta el encuentro
con la Palabra-Carne: Jesucristo.
Enséñanos a descubrir la Fuente
que siempre “mana y corre, aunque es de noche”.
Regálanos el “amoroso lance”
y fúndenos ingrávidos
en tu fe, “toda ciencia transcendiendo”.
Tú, que sabes de Amor, que sólo eres
proptopalabra de cristal amante,
tórnanos amadores que dibujen
la Hermosura inefable.
Juan de la Cruz, Patrono de latidos
que cantan al Amado,
te necesita el hombre más que al aire
que nutre sus pulmones.
Necesita tus ansias, tus palabras
transidas en la Llama de amor viva.
Necesita tus muerte en conquista
de la Vida Infinita.
Juan de la Cruz, dolencia consumada
en la sílaba exacta del cariño,
ingeniero de estelas a lo eterno,
arquitecto de fuentes que reflejan
“los ojos deseados”…,
abríganos contigo en el regazo
de tus versos orantes.
Juan de la Cruz, que duermes en Segovia
reclinado en paisajes teologales,
danos tu voz para decir al hombre:
“Levántate, que pasa Dios amando.
Levántate del cieno que aprisiona
tus ojos en la Nada.
Despréndete de la arrogancia bélica
que siembra desamparos lacerantes.
Libérate del “yo” que te idolatra
matando los jilgueros de tu alma”.
Juan de la Cruz, libérrimo testigo
del júbilo filial que se reclina
“entre las azucenas olvidado”
para salvar la libertad fecunda,
transfúndenos tu sangre de Poeta
llena de Dios besándote.
Recupera las sílabas perdidas
en laberinto de mediocridades.
Danos pupilas que descubran flores;
danos oídos que perciban versos
“en ríos sonorosos”.
Juan de la Cruz, Patrón de intimidades
hasta quedar robado por Sus Ojos,
dile a Dios que nos robe y nos sumerja
en el asombro de su Ser Inmenso.
Dile que el frío que nos hiere tanto
sólo lo cura Su mirada cálida.
Juan de la Cruz, amigo, los poetas,
prendidos en tu Llama,
respirando la luz de tu presencia
en tu sepulcro vivo,
profesamos tu nombre. Deseamos
que tu mensaje de cariño arda
en todos los rincones de la tierra.
Juan de la Cruz, contigo nos sentimos
habitantes del gozo, cuidadores
del hogar que no cesa.
Tú nos haces doctores de Esperanza,
benefactores de los hombres rotos.
Gracias por ser la “música callada”
que arrulla el corazón y lo renueva
con latidos de cielo.
(Leído en el homenaje a San Juan de la Cruz, junto a su sepulcro. 12-XII-93)
