Siempre naciendo, Dios,
siempre llegando
en el pan que florecen mis
sudores.
Te haces Carne blanquísima
de amores
y Te das blancamente
alimentando.
Espero que me digas cómo y
cuándo
debo morir para salvar las
flores.
Contigo sé que existen
ruiseñores
en el umbral de mi dolor
cantando.
Siempre naciendo, tan
sencillamente
que Te siento nacer, como
se siente
el beso de la luz cuando
abre el día.
No dejes de nacer. Haz que
te abra
mi corazón, mi sangre y mi
palabra,
sacerdote feliz, Eucaristía.
