Por los ojos se vierte la ternura
bebida en el pesebre navideño.
Hay un latir de diálogo risueño
al hablar del amor que se inaugura.
Se comparte la luz y la locura
en el arder común del seco leño.
Se dibuja en los rostros el diseño
de la paz, llama y nieve, de la altura.
Estás aquí, Señor, sencillamente,
hecho Niño de carne sonriente
que comparte el temblor de nuestros brazos.
Navidad compartida con el pobre;
pan compartido de color de cobre;
compartida esperanza en los abrazos.