Perdido en el Amado, como brisa
que se pierde besando la llanura.
Poseído por Dios en sembradura
de blanca paz y claridad precisa.
Soltar palomas en cada sonrisa.
Cicatrizar heridas de amargura.
Iluminar feliz la noche oscura
y hacer el bien con sosegada prisa.
Perdido en el Amado: sumergido
en el origen de la Luz ilesa
para ser caridad contemplativa.
Perdido en el Amado: recibido
en el hogar de Dios que nunca cesa
de calentarnos con la “llama viva”.
(Con mi mejor deseo de felicidad navideña, a todos los amigos de San Juan de la Cruz, para que nos perdamos en el Amado Niño de Belén)
