El paraíso, Eva, la alegría
fluye del árbol puro de la vida.
Se derrama la hoja verdecida
en frescor de esperanza sobre el día.
Es la mano de Dios, su cercanía
latiendo en cada ser. Ninguna herida
duele a la creación recién nacida
Cierto es el corazón y su armonía.
Es cierto el gozo, sí; pero la flecha
se enmascara de lúcida serpiente.
Palabras grises cruzan el celaje.
Un fulgor de soberbia arde la mecha.
Eva, diosa al revés, alza su frente
y de serpiente viste su paisaje.
