Pero no es culpa tuya. Tus latidos
encendieron las plumas del jilguero
dieron luz al cristal del ventisquero
y música de hogar a los balidos.
Si pusiste dolor en los gemidos
y al ocaso sangrante prisionero
de mística nostalgia, si primero
lloramos al nacer de vida heridos…
es el amor celoso de si mismo
que ahonda sus raíces en la prueba,
y cuanto más reclama, más se siente.
Es el pobre sangrando de heroísmo
por cortar la corriente que nos lleva
al mar de loco instinto solamente.
