Fue de noche. Los ojos desvalidos
en honda oscuridad se resignaban
a enmudecer las flores. Apagaron
las nubes y los aires encendidos.
Llegó su torrente de confusos ruidos
a las nieves del hombre. Se espantaron
sus pájaros del alma. Se forman
las nieves de su altura, fríos gemidos.
En delirio vertical y agudo
alzóse, pertinaz contra el misterio.
Sangró el misterio de la luz quebrada.
Sangró su corazón y quedó mudo
para cantar su gozo de salterio.
Esclavo el hombre se rindió a la nada.
