Fue lumbre de la sangre prisionera
en galope de anhelo hasta los ojos.
Vistió el paisaje de colores rojos
cuando aún el paisaje sólo era
armonioso color de primavera;
cuando aún la palabra sin despojos
se pronunciaba en los hermosos ojos
de la mujer o de la flor primera.
Hubo ausencia de amor, porque la llama
del amor, como arcángel se derrama
en virginal mensaje que fecunda.
Jamás la carne ciega, enfebrecida
apagaría la sed de tal herida
en el impuro mar que nos inunda.
