“Jesús lloró” y dijo: “Vosotros lloraréis y el mundo reirá”
Y lloramos, Señor, somos abriles
de lluvia que presagia primaveras.
Aguas puras en líquidas esferas
se nos vierten del alma por cienmiles.
Hay sequía en el mundo y hay desiertos
sin oasis de agua qué los bese.
Tenemos que llorar para que cese
la sarcástica risa de sus muertos.
Muertos, ríen; disfraz de su gemido
que se ahonda en la angustia a cada paso
del tiempo que caminan a la nada.
Nuestros hermanos gimen. Está hundido
su corazón en el sangrante ocaso.
Tal vez la lluvia, lluvia enamorada…